El extrarradio de las ideas, patria de los titiriteros

El caso de los titiriteros de la alcaldesa Carmena ha levantado ampollas en toda España. Algunos, de pronto, periodistas, electricistas, votantes de uno y otro signo, se pellizcan el brazo y se preguntan, entre abochornados y enfurecidos: ¿Pero cómo es posible? Pero no deberían sorprenderse: los titiriteros que, simbólicamente, agredían a monjas, policías y jueces y que ilustraban su anarquista y bochornoso espectáculo con menciones a la ETA y a Al Qaeda, forman parte de lo que realmente es esta nueva izquierda que proclama el cambio de modelo y que, efectivamente, trabaja por ello.

Que nadie se sorprenda. Los concejales de Ahora Madrid, como los del equipo de Gobierno de los llamados Ayuntamientos del cambio, o los diputados de Podemos, forman parte del extrarradio de las ideas. Provienen de los movimientos anarquistas, de la CNT, de los movimientos okupa, de los escraches, del Rodea al Congreso y, en definitiva, de aquellos que pervirtieron el original espíritu del 15-M y lo llenaron de la más extrema de las ideologías.

Desconozco si el equipo de Gobierno de Carmena sabía del contenido de la función titiritera, pero de lo que no me cabe duda es de que, en su mayor parte, secundan su contenido. Probablemente, las élites de Podemos, que son quienes mandan en el ayuntamiento capitalino, están realmente molestos con la forma, con el momento en que se ha producido, con lo mal que les viene esta polémica ahora que tratan de armar un gobierno de ruptura con el PSOE; son expertos en la estética, han aprendido a hablar bajito para que parezca más profundo aquello que dicen, son los reyes de  las campañas orquestadas en las redes sociales: les habrá molestado el cómo pero, en su mayor parte, comparten esa trasnochada idea de que las fuerzas del sistema (policía, curas y jueces, el Estado a fin de cuentas) son Entes violentos a destruir.

Me decía ayer un compañero: «estamos gobernados por la minoría de la minoría». Y puede que tenga razón, pero para que eso haya ocurrido ha sido necesario que mucha gente, rodeada de la más lógica y entendible de las desesperaciones, haya acabado comprando el precioso discurso del cambio que proponía Podemos. Ojalá que ahora que, poco a poco, se van cayendo los lazos de ese disfraz, sean cada vez más los que se den cuenta de quienes son realmente.

 

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Mas no ha leído a Platón

No ha leido a Platon y sus diálogos primeros, en los que pone voz a los pensamientos de Sócrates. Artur Mas no ha leído lo que, en la Apología, es la primera defensa escrita de la dignidad humana: Sócrates, condenado injustamente por un gobierno extremista que le acusa de corromper a los jóvenes, prefiere aceptar la ley y morir. Y lo hace porque si una sociedad no respeta la Ley se acaba esa sociedad.

Muchos años después, el Tribunal Constitucional le dice a Mas que «sin conformidad con la Constitución no puede predicarse legitimidad alguna». Y añade el Alto Tribunal: «en una concepción democrática del poder no hay más legitimidad que la fundada en la Constitución». Es la Ley, Artur, lo que legitima tu gobierno. Sin ella, no hay nada, parecen decir los jueces.

Pero no seamos ingenuos. Mas sabía que esta sentencia iba a llegar. Lo grave es que le va a dar igual, porque a él la verdad no le importa. Afincado en su estrategia destructiva, mira al futuro y sólo ve una opción para mantenerse políticamente vivo: seguir protagonizando el llamado procés.

A lo sumo, el presidente catalán en funciones, utilizará esta sentencia para seguir alimentando la estrategia victimista y delirante que viene defendiendo desde hace seis años. En su discurso, España es un país bárbaro que atenta contra la libertad del pueblo catalán. Sin embargo, los gobernantes que han hablado en nombre de pueblos han sido repetidamente castigados por la Historia. Las sociedades que ganan su futuro son aquellas que están constituidas por ciudadanos libres, no por pueblos unificados bajo el paraguas protector de un líder mesiánico y omnipresente.  Porque no todos somos iguales y, sobre todo, porque los derechos y las obligaciones son de las personas, no de los colectivos. Y entre estas últimas, la de cumplir la Ley. Eso es lo que llevó a Sócrates a la muerte. Un gesto que sirvió para fortalecer la primera Democracia de la historia y que, siglos y siglos después, sigue teniendo sentido.

Dufresnoy - La muerte de Socrates

 

 

Lo que somos

No recuerdo si hacía frio o calor, ni si era lunes o martes o miércoles o jueves o viernes; tampoco sé si era por la mañana o por la tarde. La Universidad era entonces, octubre de 2001, sensiblemente más pequeña. Aún así, a mi se me hizo eterno el paseo entre el módulo 3 de los adosados donde estudiaba Periodismo y la segunda planta del Edifiio E donde estaba el despacho de Humberto. Al fin llegué y, con el dedo temblando, encontré mi nombre en la lista que había pegado en el cristal bajo el encabezamiento “Admitidos en Mirada XXI”.
Pasé casi cuatro años en la redacción de un periódico que entonces era de papel y salía cada tres meses pero que, como ahora, tenía unos principios muy claros.
Ser universales y para ello ser, necesariamente, individuales. Es decir, pelear por nuestra identidad como ciudadanos libres frente al grosero vendaval de datos, cables y respuestas absurdamente técnicas que nos encontramos en nuestro ir y venir por la vida; que duele, claro, porque tratan de inocularnos las prisas a través de Gran Hermano y de Youtube.
¿Qué por qué duele?, se pregunta el cínico desde su altavoz: duele la resistencia, que es como la guerra santa frente al infiel, duele decir no al reloj acelerado, duele que te miren de arriba abajo y te llamen raro, en el mejor de los casos, hijoputa, en el peor.
Ser libres y buscar la verdad, sin renunciar a nuestro compromiso con una concepción concreta del hombre, como fin en si mismo; pero un hombre al servicio de la sociedad.
Ser joven, pues en el germen de las cosas está su esencia más pura. Ser joven de espíritu para aprender de quien nos antecedió, para no perder nunca la esperanza, para pelear con cien palabras por banda por aquellas causas justas que merecen la pena ser defendidas: la verdad (siempre), la justicia, la libertad, la dignidad del hombre.
Aprender, siempre, a contar buenas historias y a hacerlo con pasión.

Noviembre. 2015. Redacción de Mirada 21. La vida a veces tiene estas cosas que no sabes si echarte a reír o acabar arrodillado ante la providente contingencia. De nuevo en Mirada 21, con alguna responsabilidad de más, pero con los principios intactos.
Sigamos adelante, con paso firme, en busca de la verdad y derribando gigantes entre los molinos de Twitter: clavemos bien fuerte la bandera de la esperanza en medio de este siglo de cambios. Y dediquemos a la realidad los caracteres que se merezca

Publicado en http://www.mirada21.es

La regeneración panini

Regeneración. Esa es la palabra que el entorno de Pedro Sánchez ha utilizado para justificar la inclusión de Irene Lozano en las listas electorales del PSOE de cara a las generales del 20 de diciembre. Sin embargo, ni este ni ningún otro argumento ha servido para disimular el brutal enfado que ha supuesto la decisión en amplias capas de la militancia socialista. Y eso que, la otrora defensora de la tercera vía, ha llegado en las últimas horas incluso a defender la gestión socialista del escándalo de los ERES. Pero ni con esas. De lo que no se ha hablado mucho, en todo caso, es de la derivada castellano manchega del asunto. Y es que, para hacerle un hueco a la flamante ex diputada de UPyD, había que quitar a quien iba a ir en su lugar, es decir, a Mari Luz Rodríguez. La que fuera consejera de Empleo con el presidente Barreda y secretaria de Estado en el gobierno Zapatero iba a ocupar el número 4 de la lista por Madrid, pero ante la ocurrencia de Sánchez, se quedaba fuera. ¿Solución?, se le hace un hueco en Guadalajara y listo, debieron pensar los estrategas de Ferraz. Y debieron añadir: total, ¿a quien le importa esa provincia?

Pero la cosa no acaba ahí, claro. ¿A quién han quitado los socialistas de la lista alcarreña para meter a Mari Luz rodriguez? Nada menos que al todopoderoso Pablo Bellido, ex alcalde de Azuqueca de Henares, secretario Provincial del PSOE de Guadalajara, fiel aliado de Emiliano García Page y, por cierto, imputado por el supuesto sobrecoste de unas obras municipales cuando regía el consistorio azudense.

El caso es que, si en el PSOE querían presentar el fichaje de Lozano como un ejercicio de regeneración democrática les ha salido el tiro por la culata. No sólo han enfadado a sus propios dirigentes por el perfil de la ex UPyD, que se ha hartado de menospreciar e insultar a los socialistas dede su escaño del Congreso; es que, además, Sánchez nos ha demostrado a todos que hacer listas electorales es como rellenar un álbum de cromos.

PUBLICADO EN http://www.clmpress.com

Ciudadanos tiene sentido

La clave del éxito de Albert Rivera es que ha conseguido unir su marca al concepto de «sentido común». Más allá de lo que los politógos puedan decir o escribir, cada  uno con sus dependencias ideológicas o editoriales, lo cierto es que el fenómeno Ciudadanos se explica, basicamente, por esa capacidad de conectar con los votantes a través de ideas sencillas y difícilmente discutibles. Es decir, se trata de un partido que, de momento, no genera demasiado rechazo.

Se dice, habitualmente, que si el 0 es la extrema derecha y el 10 la extrema izquerda, los españoles estamos en un 6. No entraremos aquí a discutir la veracidad de este dato. De hecho, lo utilizaremos como baremo para definir las líneas maestras del partido de Albert Rivera. Ciudadanos, en esa escala que citábamos, estaría encuadrado entre el 4 y el 6, ambos incluídos. Es decir, ni muy de derechas, ni muy de izquierdas. Eso en cuanto a la ideología pero podríamos utilizar esa misma escala para ubicar a Ciudadanos entre el 4 y el 6 en otras tantas categorías.

¿Se trata de un partido que no se define demasiado para no espantar a nadie? Es una de las críticas que habitualmente se utiliza para tratar de desprestigiar a Rivera y los suyos. Sin embargo, no me parece una crítica justa. Sería como  decir que la mayoría de los españoles navegan en esa indefinición. Los que enarbolan esas críticas tienen un gran problema: han olvidado que lo normal es que, ante un problema, la gente aplique el sentido común, y no la ideología, los rencores o cualquier otro tipo de respuesta condicionada. Además, quienes critican a Rivera por su indefinición son aquellos que no se atreven a definir conceptos tan elementales como nación; o aquellos que de pronto no saben que pasaría en una hipotética Cataluña independiente.

Pongamos un ejemplo muy básico: si una persona tiene que decidir qué coche comprar se guiará por factores como el precio, sus avances técnicos, el tamaño, el color, etc. Desde luego lo que no hará será investigar en qué fabrica se produce, no vaya a ser qué provenga de alguna región donde gobierne un partido político concreto; desde luego no dejará de comprarlo porque el responsable del concesionario sea de un equipo de fútbol distinto al suyo; y, desde luego, se fijará más en la opinión de su mujer que en lo que diga la prensa especializada.

¿A qué tiene lógica? Bueno pues ese mismo sentido común es el que intenta aplicar Ciudadanos a su toma de decisiones. Claro que, por supuesto, se equivoca, se contradice y, probablemente, se desvirtúa. Sin embaego, son errores que forman parte de una normalidad que, bien explicada, los votantes son capaces de entender. Pero, en el fondo, cuando Albert Rivera dice que los representantes de los otros partidos son sus adversarios y no sus enemigos está diciendo lo mismo que diría culquier persona de sus rivales de mus.  Los españoles, en fin, están hartos de políticos que utilizan más el garrote y los prejuicios que la palabra y el sentido común.

20150414- portada el cambio sensato