Las elecciones… con otra mirada

Este domingo tuve la ocasión de ponerme al frente de un programa electoral muy especial. Más de 50 alumnos de mi universidad, la Francisco de Vitoria (Madrid) nos han dado a todos un ejemplo de tesón y constancia en el trabajo, de ilusión y de compromiso. Con ellos y gracias a ellos y a un plantel envidiable de analistas -la mayoría profesores de enorme prestigio de la UFV- hicimos más de cuatro horas de radio en directo. He hecho muchos programas electorales en mi vida, tanto en COPE como en Radio Castilla-La Mancha, incluso en la extinta SomosRadio; pero en ninguno de ellos he visto tanta ilusión como la que vi este domingo en mis alumnos de la Universidad. Con esos mimbres, el futuro está ganado. ¡Bravo chicos!

La radio de Luis Herrero: artesanía y rigor

Su programa es cálido y sobrio, austero en lo formal, sin concesiones a las estrategias de consultora que tanto protagonismo adquieren en la competencia, sobre todo a esa hora. Mientras Ángel Expósito tutea al oyente y le habla del alcalde de Madrid con Extremoduro de fondo, Luis Herrero se dirige a quien escucha con respeto y distancia, dando prioridad absoluta al análisis desapasionado de la actualidad.

El caso RNE: Nuevas voces, mismo sonido

La llegada de Sánchez al poder a finales de la temporada radiofónica hizo imposible acometer los cambios en los programas de la radio pública hasta después del verano. La primera consideración que conviene hacer es que es realmente triste que nos hayamos acostumbrado a ver como normal que el cambio de Gobierno suponga el cambio de voces en las radios de titularidad pública. Yo lo he vivido, en un sentido y en el otro, y creo que es de un absurdo estructural. ¿Qué imagen da una cadena que por el hecho de que cambie el inquilino de la Moncloa asume como normal que deba cambiar a sus presentadores? Es inevitable que el oyente piense que, a nuevo presentador, nueva doctrina. La realidad luego no es del todo así y unos y otros, sobre todo en RNE, tratan de mantener las formas, pero el daño de los ceses a priori ya está hecho.

Dicho lo cual, creo que las nuevas voces que acompañan esta temporada a los oyentes de RNE se caracterizan por haber modernizado algo el sonido de la cadena. Mucho menos de lo que necesitaría, desde luego, pero es indiscutible que, especialmente en los informativos de mediodía, tanto en el 14 horas de Lunes a Viernes como en la edición de fin de semana, las nuevas voces se parecen más a la radio de hoy que a la de ayer. Especialmente, en el caso de Ana Sterling, que ha conseguido quitarle un par de décadas al sacrosanto templo de la noticia en que se había convertido el antiguo Diario de las 2. Su 14 Horas aún adolece de escasa flexibilidad, pero al menos ha abierto la puerta a una nueva forma de redactar y locutar, lo cual era absolutamente necesario.

En lo que todavía no consigue avanzar RNE, al menos para poder competir mínimamente con el resto de emisoras de titularidad privada, es en la complejidad sonora. Me explico: ¿Cómo es posible que en pleno 2019 una cadena de radio siga emitiendo una misma sintonía en absolutamente todos los espacios informativos de la cadena? Ya sé que el argumento que se esgrime en la casa es que esa melodía es intocable porque sirve al oyente para vertebrar todos los espacios y que aporta seriedad y credibilidad. Pero esos argumentos no tienen un paso. La radio moderna, la del podcast, la de Alsina y Francino, incluso la de Radio 3, es aquella que es capaz de equilibrar el uso de los elementos del lenguaje radiofónico, aquella que es capaz de ser creativa sin perder el rigor, que dispone de la música -sintonías, indicativos, colchones, ráfagas- con coherencia generando ritmo y armonía. Emitir una única sintonía a todas las horas, desde las noticias de España a las 8 hasta los titulares del informativo de fin de semana, no hace más que anclar a la cadena en un moelo anticuado y polvoriento que jamás enganchará a nuevos oyentes.

Y la curva demográfica no perdona.