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Día de la radio: Mesa redonda con Lucas, Menéndez, Navarro y Díaz

El pasado 13 de febrero celebramos el Día de la Radio en la Universidad y no me resisto a compartir aquí los vídeos de una jornada, emocionante en lo personal, y creo que muy interesante y clarificadora en lo profesional.

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El caso RNE: Nuevas voces, mismo sonido

La llegada de Sánchez al poder a finales de la temporada radiofónica hizo imposible acometer los cambios en los programas de la radio pública hasta después del verano. La primera consideración que conviene hacer es que es realmente triste que nos hayamos acostumbrado a ver como normal que el cambio de Gobierno suponga el cambio de voces en las radios de titularidad pública. Yo lo he vivido, en un sentido y en el otro, y creo que es de un absurdo estructural. ¿Qué imagen da una cadena que por el hecho de que cambie el inquilino de la Moncloa asume como normal que deba cambiar a sus presentadores? Es inevitable que el oyente piense que, a nuevo presentador, nueva doctrina. La realidad luego no es del todo así y unos y otros, sobre todo en RNE, tratan de mantener las formas, pero el daño de los ceses a priori ya está hecho.

Dicho lo cual, creo que las nuevas voces que acompañan esta temporada a los oyentes de RNE se caracterizan por haber modernizado algo el sonido de la cadena. Mucho menos de lo que necesitaría, desde luego, pero es indiscutible que, especialmente en los informativos de mediodía, tanto en el 14 horas de Lunes a Viernes como en la edición de fin de semana, las nuevas voces se parecen más a la radio de hoy que a la de ayer. Especialmente, en el caso de Ana Sterling, que ha conseguido quitarle un par de décadas al sacrosanto templo de la noticia en que se había convertido el antiguo Diario de las 2. Su 14 Horas aún adolece de escasa flexibilidad, pero al menos ha abierto la puerta a una nueva forma de redactar y locutar, lo cual era absolutamente necesario.

En lo que todavía no consigue avanzar RNE, al menos para poder competir mínimamente con el resto de emisoras de titularidad privada, es en la complejidad sonora. Me explico: ¿Cómo es posible que en pleno 2019 una cadena de radio siga emitiendo una misma sintonía en absolutamente todos los espacios informativos de la cadena? Ya sé que el argumento que se esgrime en la casa es que esa melodía es intocable porque sirve al oyente para vertebrar todos los espacios y que aporta seriedad y credibilidad. Pero esos argumentos no tienen un paso. La radio moderna, la del podcast, la de Alsina y Francino, incluso la de Radio 3, es aquella que es capaz de equilibrar el uso de los elementos del lenguaje radiofónico, aquella que es capaz de ser creativa sin perder el rigor, que dispone de la música -sintonías, indicativos, colchones, ráfagas- con coherencia generando ritmo y armonía. Emitir una única sintonía a todas las horas, desde las noticias de España a las 8 hasta los titulares del informativo de fin de semana, no hace más que anclar a la cadena en un moelo anticuado y polvoriento que jamás enganchará a nuevos oyentes.

Y la curva demográfica no perdona.

Compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu cochera

Las centrales de medios, que actúan como intermediarias ante las tres grandes cadenas de radio convencional, actúan de un modo muy conservador. Primero, porque no tiene sentido que el EGM siga siendo casi el único modo de evaluar el comportamiento de las audiencias. Y, segundo, porque parece evidente que los nuevos formatos ofrecen vías de explotación publicitaria cada vez más interesantes.

El compromiso de Dieter

Recientemente, Dieter Brandau ha venido a la Universidad Francisco de Vitoria a hablar del Engagement. Esto es, del compromiso. Y lo ha hecho utilizando el ejemplo de Alejandro Echevarría, el español que se fue a defender inocentes cuando un grupo de terroristas islamistas sembraba el caos en las calles de Londres. Él lo contó en la radio con prudencia y, gracias a eso, trabó una relación de complicidad con su padre. Porque no sumarse a la dictadura del clic, ha venido a decir, tiene sus consecuencias.

El problema es que el compromiso no puede estar supeditado a la verdad. La empresa en la que trabaja Brandau, Libertad Digital, defiende vehementemente unos principios que, en ocasiones, lleva a simplificar la realidad con el objetivo de poder aplicar soluciones ideológicas a casi cualquier parcela de esa realidad. España y libertad son los mantras del grupo que capitanea Federico Jiménez Losantos y que pretenden abrazar cualquier cuerpo. Y no todo cabe en ese traje. La realidad es más compleja.

“Es necesario que haya medios de todos los colores, y en un panorama mediático como el español, dominado por la socialdemocracia políticamente correcta, es imprescindible que haya quien defienda postulados liberales”.

Dicho lo cual, Dieter es un tipo serio, no un cualquiera, no traten de encasillarle en la etiqueta fácil. Tiene una enorme capacidad de generar expectación en el oyente, domina la improvisación y tiene una gran agilidad a la hora de reaccionar ante una información. Su programa de la tarde, al contrario del de Jiménez Losantos, sí que responde a los cánones del formato periodístico.

Dicho todo lo anterior, no me parece reprobable, como a muchos de mis colegas, la existencia de un medio como esRadio; al contrario, es necesario que haya medios de todos los colores, y en un panorama mediático como el español, dominado por la socialdemocracia políticamente correcta, es imprescindible que haya quien defienda postulados liberales. Es una excepción, de hecho. Construir ese medio no debió ser tarea fácil. No cuenta con apoyo institucional alguno; es más, de vez en cuando hay administraciones que les excluye del habitual reparto de la publicidad institucional. No es que la cadena no tenga sus dependencias, que las tiene, pero no parece que estas provengan del erario público, y eso es meritorio.