‘Saludos cordiales’, un podcast histórico para ganar un Ondas

‘Saludos cordiales’ es un podcast extraordinario en el que Pablo Juanarena recrea la historia del enfrentamiento entre García y de la Morena. Describe la radio de ayer utilizando los instrumentos de la radio de hoy, llevando los elementos del lenguaje radiofónico a una nueva dimensión. Un podcast que huele a Ondas.

El periodista Pablo Juanarena ha producido un podcast extraordinario que relata, con todo lujo de detalles, la cruenta batalla entre José María García y José Ramón De la Morena. Pero sus cuatro episodios van mucho más allá de la mera descripción de hechos: son un auténtico homenaje a la radio de las estrellas, una pasarela por la que desfilan los primeros espada y los últimos, periodistas, técnicos, entrenadores, ciclistas, empresarios. Es un podcast histórico en los dos sentidos del término. Recuerda una historia y se acerca a ella como lo haría un académico: buscando todos los puntos de vista, yendo a las fuentes originales, llamando a todas las puertas posibles. Y, así, viajando al pasado consigue un reportaje en cuatro partes que también hace historia por su enorme sensibilidad radiofónica, por el talento con el que está narrado y por marcar un hito indudable en la joven historia del podcast en español que bien merecería llevarse el premio Ondas.

El primer capítulo es un viaje a los orígenes de la radio de las estrellas. El podcast navega en las aguas turbulentas de la España de la Transición para pescar en ellas al genial José María García reportero, el que supo echarle a la radio la pimienta y la sal de la que hasta entonces carecía. Su voz atimbrada, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en santo y seña de una España que, tras años de periodismo sesudo y oscuro, se abrazaba alborozada a la nueva radio-espectáculo. García fue nuestro Tom Wolfe particular. El podcast bucea en la hemeroteca y nos retrotrae a aquellas melodías de onda media, a esa artesanía sonora de los 80, al momento en que García se inventa la noche deportiva y consigue convertirse en una auténtica estrella.

Juanarena va ofreciendo el testimonio de los que trabajaban con aquel SuperGarcía y de los jovencísimos periodistas de la SER que, tras la marcha del locutor a Antena 3 Radio, comenzaron a fraguar una alternativa bajo el mando de José Ramón de la Morena. El segundo episodio describe hasta qué niveles de tensión se llegó en los años 90, cuando los reporteros de uno y otro equipo llegaban casi a las manos por conseguir a los entrevistados antes que nadie. La pelea en casa de Futre puede parecernos tosca y ridícula, incluso motivo de verguenza, como reconoce Juan Antonio Alcalá, uno de sus protagonistas, pero tenía una cierta lógica: los periodistas se dejaban la piel por conseguir una noticia. Hoy… bueno, hoy hay otros criterios.

Pero quizá ningún episodio es tan impresionante como el tercero, en el que se narra cómo aquel enfrentamiento se recrudeció especialmente en las transmisiones de la Vuelta a España. Hay momentos hilarantes, como en el que se describe el modo en que García usaba el helicóptero como arma para conseguir las mejores entrevistas, cómo los técnicos de sonido se las ingeniaban para lograr llevar el sonido desde lugares imposibles o cómo los reporteros se jugaban la vida en las motos para llegar a las cabinas telefónicas de los pueblos antes que la competencia. El ciclismo, que en televisión era y es sinónimo de siesta y letargo, se convirtió entonces en un emocionante espectáculo radiofónico.

Juanarena es capaz de reconducir todos los elementos del lenguaje radiofónico y llevarlos a una nueva dimensión. Tiene la habilidad para construir un guion preciso que va dirigiendo al oyente a la acción.

El podcast se despide con un cuarto episodio lleno de emoción en el que Juanarena conduce al oyente al inevitable momento del adiós y conecta, aun con 20 años de diferencia, la despedida triste e inesperada de García y el reciente final radiofónico de De la Morena. Ambos desde los micrófonos de Onda Cero, ambos habiendo perdido el favor de la audiencia, ambos aparentemente reconciliados. El podcast acaba con sorpresa. En todos los minutos de emisión hemos escuchado a las principales voces de la radio española de los últimos 30 años -de Iñaki Gabilondo a Luis del Olmo, de Agustín Castellote a Paco González, de Manolo Lama a Julio Pulido, de Encarna Sánchez a Pumares, etc.-, pero faltaba una. Cualquier amante de la radio sabe que la mejor manera de acabar este podcast histórico era con un «Hola, hola».

Hasta aquí la historia de la radio, pero eso no es lo más importante. Al menos para los que amamos la radio. Porque si ‘Saludos cordiales’ es un reportaje histórico es, sobre todo, porque marca un punto de inflexión en el podcast en español. Es capaz de reconducir todos los elementos del lenguaje radiofónico y llevarlos a una nueva dimensión. Tiene la habilidad para construir un guion preciso que va dirigiendo al oyente a la acción. Y, especialmente, porque a poco que uno sepa algo de radio no puede más que asombrarse de la ingente cantidad de horas de trabajo que hay detrás de este podcast. Una fantástica demostración para los jóvenes de que el podcast les abre nuevas posibilidades, sí, pero también de que, como siempre ha sido, para brillar en la radio hay que picar mucha piedra. Solo entonces el sonido alcanza su verdadera misión: la de conseguir que el oyente complete el contenido con su imaginación.

Al comienzo de la presente temporada pudimos leer en la prensa que Movistar preparaba una serie sobre la historia de García y De la Morena. Cuando al fin pudimos ver Reyes de la noche, muchos sentimos una gran decepción: más allá de morbo inicial de tratar de identificar a los personajes, la historia acababa delirando en un grosero suceder de tópicos e insinuaciones. En contraste, ‘Saludos cordiales’ es el gran homenaje a lo que realmente ocurrió. Como tantas veces, la propia realidad se ha demostrado insustituible. Ojalá el jurado del premio Ondas acabe reconociendo a este podcast total que nos reconcilia con lo mejor de la radio de ayer y nos conecta con lo mejor de la radio de hoy.

En el Día Mundial de la Radio

La radio de hoy debe servir, como siempre ha sido, a la sociedad de hoy. No hay campo para los nostálgicos. El futuro de la radio solo puede estar en la capacidad de adaptar su inmediatez a una sociedad que también es inmediata.

Llega otro Día Mundial de la Radio, que se celebra el 13 de febrero desde hace cinco años. La fecha recuerda que tal día como hoy de 1946 se creó la radio de las Naciones Unidas. Así que, mejor día no lo hay, vamos a echar un vistazo a la situación actual de la radio en España. Si les parece, desde la natural subjetividad de quien escoge el ángulo, la luz y aprieta el botón, les hago la foto del estado de la radio en nuestro país.

Es necesario modernizar el sistema de medición de audiencias

Según el último Estudio General de Medios (EGM), el 60% de los españoles escucha la radio todos los días. Además, del total de oyentes de radio (unos 27 millones de personas de lunes a domingo), cerca de 12 millones escuchan alguna cadena de radio generalista. AIMC, la asociación que realiza el EGM, asegura que, en sus estimaciones, tienen en cuenta el oyente de radio a la carta. Sin embargo, el modo en que se realiza el estudio (unas 30.000 encuestas repartidas en tres oleadas) no permite dar demasiada credibilidad a las cifras que aportan.

Más de 380.000 oyentes utilizan el podcast para acceder a los contenidos radiofónicos, según AIMC. Y aseguran que «los oyentes que escuchan la radio a través de Internet en un día promedio (L-V) son 1.775.000, de los cuales 1.440.000 lo hace en directo/streaming y 384.000 en diferido/podcast». Pero, ¿cómo puede ser creíble que un entrevistado diga que el día anterior escuchó en una franja horaria un programa que se emitió en directo a otra hora? ¿Alguien puede creerse que Internet represente solo un 7,5% de los oyentes de radio, como afirma el EGM?

Desde luego, la radio debe revisar el modo en que mide su audiencia. Es una constante la crítica al EGM. Hubo quien, como José Antonio Abellán, bordeó la ley para denunciar sus irregularidades. Sin embargo, al final son las propias emisoras las que financian AIMC y ninguna de ellas quiere ser la primera en sacar la pata del tiesto. El siglo nos trae diariamente nuevos avances tecnológicos. Los oyentes escuchan cada vez con más frecuencia contenidos radiofónicos al margen de las grandes cadenas, a través de plataformas como Ivoox, SoundCloud, Itunes o Podium Podcast. Incluso empresas paralelas al mundo de la radio adecúan sus formatos para ofrecer servicios de podcast (muy meritorios los intentos de SpainMedia y de publicaciones como 5W); así las cosas, las cadenas tradicionales deben ser las que se atrevan a salir del círculo cerrado del EGM y abrir puertas y ventanas a este tiempo nuevo. Sobre todo porque es un viaje sin retorno.

La radio tradicional sigue siendo creíble

Dicho lo cuál, ¿cuál es el estado actual de la radio convencional, la de toda la vida? Sería difícil hacer una valoración en conjunto de cada una de las cuatro grandes cadenas. Aún así, admitiendo lo complicado del reto, sí podríamos empezar diciendo que la radio española sigue siendo un medio creíble para el conjunto de la sociedad. Es decir, que pese a los avances tecnológicos y la aparición de programas televisivos de información política que amenazaban con destronar a la radio, esta ha sido capaz de sobrevivir. Es cierto que laSexta ha llevado la política a muchos oídos jóvenes, pero, sin embargo, la televisión aún no ha conseguido equilibrar el engranaje espectáculo-credibilidad. La radio, en eso, lleva muchos años de ventaja. Eso sí, el medio debe seguir apostando, en mi opinión, por ser más estricto en el tratamiento de la información.

La radio espectáculo no funciona en España, es algo que forma parte de la tradición anglosajona y creo que tratar de adaptar ese paradigma a la radio española, como está intentando hacer la Cadena COPE esta temporada con su informativo de mediodía, es un error importante. Además, la radio sobrevivirá a los tiempos de la posverdad si es capaz de aportar voces especializadas y adaptar los elementos del lenguaje radiofónico. Esto último está siendo clave, por ejemplo, para entender el lento pero evidente éxito del programa de Alsina. Sus oyentes son mucho más jóvenes que los de otras emisoras y esto, aunque en el corto plazo del EGM de turno no acabe de dar sus frutos, es una apuesta segura.

¿Qué pasa con las estrellas?

Pues que no volverán. Antonio Herrero, Luis del Olmo, Iñaki Gabilondo… hay quien se pregunta por qué no surgen nuevas estrellas. No pueden surgir porque la sociedad no demanda ese tipo de radio personal, anárquica, ideologizada. Nos queda Carlos Herrera y pare usted de contar. Al otro lado de su inminente jubilación hay otro tipo de oyentes y a ellos habrá que hacer la nueva radio.

La radio de hoy, así las cosas, goza de buena salud. Pero está en un proceso de cambio que se inició el 2 de mayo de 1998. Ese día falleció Antonio Herrero en un accidente mientras practicaba submarinismo. Él fue El primero de la mañana. Su triste y repentino fallecimiento supuso el principio del fin de la radio de las estrellas, cuyas últimas luces se apagan en nuestros días. Ahora bien, fue la aparición de Internet, es decir, su consolidación como medio democrático de acceso a la información lo que aceleró ese proceso. De una radio de las estrellas a una radio estratégica. ¿Cuáles son los momentos clave de esa transición? La muerte de Antonio Herrero, como se ha dicho, pero también la salida de COPE a Onda Cero de José María García y su frustrado intento de consolidar una plataforma periodística que compitiera con Prisa, la nueva batalla mediática entre COPE y SER tras el 11M, la incapacidad de la radio de entender el 15M, la salida de Jiménez Losantos de COPE, la retirada de Luis del Olmo, el despido de Iñaki Gabilondo de la SER: la radio se dirige a un modelo en el que los profesionales tienen menos peso que la marca de la emisora y en el que se cuidan mucho más los elementos del lenguaje radiofónico. La radio de hoy debe servir, como siempre ha sido, a la sociedad de hoy. No hay campo para los nostálgicos. El futuro de la radio solo puede estar en la capacidad de adaptar su inmediatez a una sociedad que también es inmediata.

Artículo publicado originalmente en Mirada 21