Hoy en la radio analizo la diferencia entre interpretar y opinar, comparando el estilo de hacer radio de Carlos Alsina y Carlos Herrera, maestros en lo suyo.
El día de hoy es un buen ejemplo para ver por qué lo que hace uno no podría hacerlo el otro. Analizo sus monólogos de las 8 de esta mañana y las referencias que han hecho al ex secretario de Organización del PSOE.
Ábalos, calienta que sales.
Vamos a ello:
Herrera dice que la declaración de Ábalos tiene al Gobierno «en un sinvivir». Enseguida explica que el problema del investigado es lo que tiene la UCO. Inmediatamente ofrece claves y argumentos sin fisuras: «Su partido ya le ha juzgado y le ha condenado». «En el PSOE, Ábalos es el apestado oficial», afirma; y añade que otro de sus problemas es que «como Sánchez, ha mentido tanto que su palabra no tiene ninguna credibilidad».
Herrera adjetiva sin remilgos y pone motes: hoy ha llamado «Bítelchus» a la vicepresidenta Montero y «Gracita Conde Pumpido» al Fiscal General del Estado. Y vuelve a la calificación: «gobierno peronista», Nogueras es una «ordinaria»; y «menudo elemento» es el ministro Albares, «que le tiene un odio africano (…), enfermizo al jefe de la Casa del Rey».
Herrera opina, y lo hace de inmediato, sin dar demasiados contextos, que da por sobreentendidos. Es cierto que, en los últimos años, ha ido ampliando el registro explicativo, en línea con la estrategia global de Cope, pero la clave de su éxito es que sea él.
La gente quiere oír lo que quiere oír. Herrera lo sabe y trata de alinear esa demanda natural con el rigor y la lealtad a los hechos propia del buen periodista.
Alsina es pura interpretación; es decir, devoción por el relato, por una narrativa de hechos y datos que permitan extraer conclusiones. Alsina se recrea en la hemeroteca y expone constantemente a los políticos a aquello que hicieron y/o dijeron.
Hoy ha recordado que «fue en febrero cuando empezamos a saber todos de las andanzas de un tal Koldo». Y enseguida da contexto, explica el pedigrí del dirigente socialista: «con lo que tú fuiste en el partido, José Luis, piedra angular sobre la que San Pedro edificó el sanchismo». Alsina enumera las acusaciones de Aldama sobre Ábalos y deja claro que «sólo hay una cosa que Ábalos sabe que no va a suceder: su redención como practicante de la confesión sanchista».
El director de Más de Uno ironiza sobre cómo El País ha sabido lo que va a defender Ábalos. Dice sin decir, se recrea en silencios llenos de contenido, silencios que a veces pesan más que las palabras.
Sánchez se metió ayer con los jueces en una charla informal con periodistas, y Alsina le recuerda su historial y concluye (otra vez) tirando de su mejor arma: «Dichoso sea el respeto escrupuloso que el presidente muestra siempre por las demás instituciones; lástima que hoy sea día 12 y no 28 de diciembre».
Alsina interpreta, huye de la calificación desnuda, no pone motes; intenta que los hechos que muestra sean suficientes para sacar conclusiones.
Alsina, maestro de la interpretación; Herrera, de la opinión. Dos modelos de radio que esconden dos maneras de entender el periodismo, dos caminos para ganar influencia. Uno más ilustrado, otro más popular. Afortunadamente, no tenemos por qué elegir.
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